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Mi Perfil
Carlos Rizzuti
Buenos Aires - Argentina
Escribo cuentos. Participo de un taller de escritura. Todavía no he publicado nada, pero no pierdo las esperanzas.
Me gusta mucho la obra de Borges y Bioy Casares.
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Perdidos en el bosque
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24/10/09 | 20:38: Rolando dice:
Hola Carlos: felicitaciones por "La herencia"! Redondo y tierno...seguiremos en contacto. Te invito a conocer mi blog "lapacienteimpaciente" y, si es de tu gusto, espero tu opinión sobre el cuento.Y ánimo para publicar! Saludos cordiales, R.M
30/04/09 | 04:18: Albin (blog deambulador nocturno) dice:
me atrapó el ambiente que creaste para describir la situación de la mujer, están bien definidos los personajes, y el final también es de mi agrado. Así que seguiré leyéndote. Bienvenido Carlos
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Cuentos que realizo a partir de las consignas del taller de escritura creativa al que asisto.


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Perdidos en el bosque



El cuerpo yacía boca abajo sobre la nieve blanda. De la herida en su cabeza salía un vaho que se confundía con los copos que caían. Me quedé mirando como la vida se iba apagando al mismo ritmo que el sol del atardecer se escondía en el horizonte. Pensé que tal vez el humo blancuzco era su alma que se escapaba por el agujero en su cabeza. Nunca supe quién era. Voltee el cadáver. La sangre tiñó la nieve formando una variedad de matices entre el rojo y el blanco. Era joven. Su barba y su cabello crecido y descuidado me hicieron pensar que se trataba de un artesano o quizás de un vagabundo. Nadie lo extrañará. Una cara anónima en un cuerpo que nadie reclamaría. ¿Habrá sido amado? ¿Alguien habrá sentido el calor de su cuerpo, las caricias de sus manos?

 

En el bolsillo interior de su abrigo, una pesada campera de cuero forrada con corderito, encontré una billetera. Tenía dos pesos y un número para un sorteo de los bomberos voluntarios de Arroyito. El primer premio era un televisor, un minicomponente y un DVD eran el segundo y tercer premio. ¿Dónde iba a usar esas cosas? Lo habrá hecho por colaborar o tal vez gastó diez pesos con la idea de que, si ganaba, vendería el premio y multiplicaría su inversión. ¡Pobre infeliz! Ahora no tiene nada. Tenía un nombre. Su documento, algo estropeado, decía Antonio Gonzalez, nació el 18 de noviembre de 1984. Debería ocuparme de anotar su fecha de defunción. ¿Cómo es que alguien tan joven andaba deambulando por el bosque, solo y a pie? Eso ya no importa.

 

Hacía una hora que había comenzado a nevar. Cavé la tumba antes de que la nieve formara una capa muy gruesa. El pozo no fue profundo, pero fue suficiente como para alojar el cuerpo hasta su descomposición. La nieve se encargará de borrar todo rastro de la excavación. Al terminar tiré la pala en la caja de la camioneta. Me persigné e improvisé una breve oración.

 

Encendí el estereo y puse un disco de “AC/DC”. La guitarra de Angus Young me encanta. Puse en marcha el vehículo y salí a la ruta. Se escuchaba “Highway to hell”, uno de mis temas preferidos. Las ruedas patinaron sobre el asfalto. Levanté el pie del acelerador. La oscuridad y la nieve reducían la visibilidad. Unos kilómetros hacia el este estaba la ciudad, sus luces se veían como una gran bola de fuego. Dos siluetas se dibujaban más adelante. Eran dos personas caminando por el costado de la ruta. Encendí las luces altas. La claridad los envolvió. Se cubrieron con la mano para no ser encandilados. Era una chica de cabello largo con un gorro de lana y un muchacho de aspecto similar al anterior. ¿Sería una pareja de recién casados intentando una aventura nocturna? ¿Un par de estudiantes en viaje de egresados que decidieron separarse del grupo para buscar un poco de intimidad?

 

Bajé las luces y me detuve. Se quedaron mirándome. Él agitó el brazo con la alegría de quien es rescatado. Yo era su salvación. Tomé el rifle y disparé dos veces.


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